EL BUEN VIVIR, SUMAK KAWSAY
Matthieu Le Quang:
Editado por Radiononguen:
Las tres corrientes del Buen Vivir o Sumak kawsay
El Buen Vivir es el referente para el ejercicio de un conjunto de derechos, contenido en ocho secciones:
Agua y alimentación.
Ambiente sano.
Comunicación e información.
Cultura y ciencia; educación.
Hábitat y vivienda.
salud.
Trabajo.
Seguridad social.
Con el propósito de tornar entendible la diversidad de discursos acerca del Buen Vivir, hemos identificado al menos tres corrientes principales dentro de las cuales se inscriben estos discursos:
La «culturalista»
La «ecologista»
Eco-marxista.
Estas corrientes no pueden ser entendidas de manera aislada, pues si bien existe una serie de elementos característicos a cada una de ellas, que justifican la pertinencia de esta clasificación, es notable la presencia de elementos comunes a las tres, por cuanto todas resultan de un proceso de construcción epistemológica y política y esto es posibilitado por un contexto histórico muy particular.
Es necesario tomar en cuenta que en cada corriente encontramos tanto autores que pertenecen a los pueblos indígenas del continente americano, como pensadores mestizos de los países de la región y extranjeros.
El pertenecer o no a una etnia, no es una condición que determina, por sí misma, la adhesión a una de las corrientes mencionadas. Creemos oportuno advertir que la intención que motiva este trabajo está lejos de querer restarle mérito o potencial al Buen Vivir, en tanto propuesta teórica e instrumento de lucha. Por el contrario, al reconocer que se trata de un concepto en construcción, ampliamos la potencialidad del mismo. En definitiva, como lo afirma Luis Macas, «estamos juntos, juntos aunque
sea de espaldas», es decir que el Buen Vivir no es un proyecto de los pueblos indígenas solamente, sino un proyecto para todos los pueblos latinoamericanos, en particular de los pueblos indígenas, para el pueblo latinoamericano.
En este trabajo no ahondaremos en las contribuciones del pueblo afroamericano para la construcción del concepto de Buen Vivir, pero creemos necesario al menos mencionarlo, en la medida que entendemos al Buen Vivir como la resultante de un proceso de construcción colectiva de una sociedad plural. Así, por ejemplo, en el caso ecuatoriano, Gabriela Viveros y Marisol Cárdenas, en Ecosocialismo y Buen Vivir. El Buen Vivir como «discurso profundo de los pueblos amerindios»:
La corriente culturalistas:
Identificamos primeramente una corriente «culturalista» dentro de la cual inscribimos a los discursos que se articulan en torno a la afirmación de la filiación del concepto de sumak kawsay a las culturas de los pueblos indígenas del Abya Yala en general y a las culturas de los pueblos andinos, en particular.
Con frecuencia, la exaltación de las raíces ancestrales del Buen Vivir se acompaña de la afirmación de los pueblos indígenas como detentores legítimos de saberes y conocimientos ancestrales.
Aunque el diálogo de saberes no sea directamente rechazado para la construcción del concepto, muchos autores prefieren resaltar la centralidad de los pueblos indígenas y de su pensamiento para interpretar el sentido del mismo.
Veremos cómo la cultura y la identidad son presentadas como elementos constitutivos de la esencia del Buen Vivir para luego ver cómo, se sostiene que, para los pueblos afroecuatorianos, el Buen Vivir se traduciría por ubuntu, que correspondería a una ideología étnica proveniente del África que subraya la importancia de la lealtad de las personas con sus comunidades.
La expresión «Abya Yala» corresponde al nombre que le dan los indios Kuna, que viven actualmente en Colombia y Panamá, al continente americano. Fue retomada por los pueblos indígenas del continente así como por otros sectores para significar un rechazo de la colonización.
En efecto, el nombre del continente americano proviene de Americo Vespuccio, navegador italiano que habría sido el primero en comprender que el «nuevo mundo» no correspondía a las Indias orientales sino a un nuevo continente.
Estos mismos discursos, el concepto aparece como un concepto en construcción. Finalmente analizaremos cómo, a pesar de estas contradicciones, comienzan a
emerger propuestas concretas para influenciar la organización de sociedades plurales y no solo indígenas.
La cultura y la identidad de los pueblos indígenas, ¿esencia del Buen Vivir?
Al afirmar la pertenencia del concepto del Buen Vivir al patrimonio cultural de los pueblos andinos, buscando afirmar, describir e incluso construir la identidad de estos pueblos, numerosos autores tienden a recalcar la oposición Occidente/pueblos indígenas, siendo que ambos terminan apareciendo como dos entidades monolíticas. Si mal podríamos negar una historia y un presente marcados por un proceso extremadamente violento de colonización de los cuerpos y de las mentalidades, creemos que el enfatizar sobremanera en la dicotomía occidente/pueblos indígenas oscurece la complejidad dentro de cada una de estas entidades histórico-políticas, sus visiones del mundo, sus prácticas de vida y, sobre todo, sus expectativas y proyecciones.
Luis Macas (2010), antiguo presidente emblemático de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), afirma por ejemplo que, durante más de 500 años, han coexistido dos matrices civilizatorias: por un lado, la matriz occidental cristiana centenaria y, por otro lado, la matriz indígena milenaria.
No es raro que, detrás de esta dicotomía, esté Ecosocialismo y Buen Vivir presente una concepción maniquea que diaboliza a Occidente y envuelve a los pueblos indígenas en un aura mesiánica. David Choquehuanca Céspedes, Ex-Canciller boliviano, se interroga: «Seguimos por el camino de la civilización occidental y la muerte, la guerra y la destrucción, o avanzamos por el camino indígena de la armonía con la naturaleza y la vida» (Choquehuanca Céspedes, 2010).
Sería absurdo contradecir la existencia de matrices culturales que distinguen claramente una manera de concebir el mundo propia de Occidente y una cosmovisión que comparten los pueblos indígenas del continente americano. Sin embargo, creemos que es necesario ir más allá de este análisis en la medida que
empobrece nuestra comprensión del mundo y de las culturas. Si bien, en su proyecto civilizador, Occidente se impuso a los pueblos que dominó, si en Occidente
nació el ahora hegemónico sistema capitalista que nos ha llevado a la crisis, no podríamos negar su contribución para pensar alternativas al capitalismo, como lo veremos más tarde.
Por el contrario, aunque los pueblos indígenas hayan conservado elementos de sus ancestros originarios del continente y aunque hayan desplegado estrategias de resistencia contra un Occidente homogeneizador para mantener su identidad cultural, también son la resultante de un proceso de inserción —en parte impuesta, en parte voluntaria— en la modernidad.
La construcción de estos discursos unificadores, que fueron necesarios para la afirmación política y social de los pueblos indígenas, camufla la existencia real de tensiones entre los dirigentes indígenas y sus bases, que buscan su inclusión (Martínez Novo, 2009).
El Buen Vivir, un concepto en construcción
A pesar de que afirmar que el Buen Vivir pertenece al patrimonio cultural de los pueblos andinos le confiere una dimensión de concepto acabado (el Buen Vivir
existiría, como concepto, en las culturas de los pueblos andinos), los propios discursos de los autores y de los actores que inscribimos en la corriente culturalista muestran que estamos frente a un concepto en construcción. Frente al frágil desarrollo conceptual de las raíces culturales y lingüísticas del concepto y de las
prácticas sociales a las que está vinculado, resulta indispensable revisitar los escritos y las prácticas de los pueblos indígenas con el fin de alimentar el concepto
de Buen Vivir.
Un concepto que se nutre del diálogo entre Ecuador y Bolivia
Un diálogo entre Ecuador y Bolivia ha venido desarrollándose para pensar el Buen Vivir de manera conjunta. Así, por ejemplo, a pesar de que la expresión sumak kawsay no aparece en ningún diccionario de kichwa
Es interesante ver que las conferencias, simposios, seminarios dedicados a la discusión del concepto de Buen Vivir en Ecuador, reúnen a intelectuales, representantes de la sociedad civil, políticos y políticas tanto de Ecuador como de Bolivia.
Ecosocialismo y Buen Vivir en quechua antiguo o reciente (Muyolema, 2012), la repetición de la definición/traducción común del sumak kawsay ecuatoriano y del Suma Qamaña boliviano es establecida como verdad. De esta manera, Luis Macas y
Germán Muenala en Ecuador, Fernando Huanacuni Mamani, Xavier Albó y otros, en Bolivia, se refieren al Buen Vivir como «vida en plenitud».
Esto tiene mucho que ver con el hecho de que los dos países comparten una matriz cultural. También estaría ligado a que, en varios aspectos, el nacimiento del movimiento indígena habría sido transnacional (Jackson y Kay, 2005). En definitiva, esto significaría que los procesos ecuatoriano y boliviano no se desarrollan de manera aislada, sino que se trata más bien de un proceso de construcción conjunto, en muchos aspectos, lo que no significa borrar o minimizar las especificidades propias de cada país. Surgimiento del Buen Vivir en un contexto de profundo
cuestionamiento del capitalismo y del desarrollo Al mirar con mayor detenimiento los discursos sobre el Buen Vivir, estamos obligados a constatar que la mayoría de ellos (sobre todo en Ecuador pero también en Bolivia) aparecieron en el contexto de las Asambleas Constituyentes. Cabe entonces preguntarse ¿por qué razón, si el Buen Vivir ha sido vital para la supervivencia de las comunidades indígenas, no ha estado
más presente en las reivindicaciones del movimiento indígena al momento de su auge, en los años 1990?
No obstante, la lucha del movimiento indígena se ha estructurado en torno al rechazo del proyecto capitalista neoliberal y del desarrollo, rechazo que a su vez
constituye uno de los elementos centrales del concepto de Buen Vivir.
En efecto, tanto en Ecuador como en Bolivia, el Buen Vivir es radical en su crítica al capitalismo y al desarrollo.
Amerita, en este punto, evocar la diferencia que establece David Choquehuanca (2010) entre el Buen Vivir y el «vivir mejor». Para él, vivir mejor supone la explotación del ser humano por su semejante, la expoliación de la naturaleza, la competencia profunda, la concentración de las riquezas, el egoísmo, una falta de interés por el otro, el individualismo. Por el contrario, el Buen Vivir estaría reñido con el lujo, la opulencia, el despilfarro, estaría reñido con el consumismo.
Retomemos la idea del surgimiento del concepto. ¿Cómo interpretar que el Buen Vivir tome fuerza (¿aparezca?) precisamente en el contexto de las Asambleas Constituyentes? Se podría pensar que determinadas condiciones permitieron que el concepto naciera no como unidad acabada, sino como síntesis de reivindicaciones diversas, pero a la vez convergentes en ciertos aspectos. En Ecuador, estas condiciones se forman en un contexto marcado por una movilización social intensa, una cada vez más importante politización de la sociedad ecuatoriana, la necesidad de encontrar respuestas a modelos en crisis y las condiciones sociales y políticas que tornaron posible la convocatoria de una Asamblea Constituyente.
Ecosocialismo y Buen Vivir
Posicionar el Buen Vivir en el centro de la reconfiguración del Estado, tal y como lo hacen la Constitución ecuatoriana y el Plan Nacional para el Buen Vivir, implica emprender un proceso de interculturalización de la sociedad, mediante el cual sea posible que toda la población piense y actúe bajo principios y conocimientos ancestrales, de los que se reconoce la validez para todos, como lo afirma Catherine Walsh (2010).
Compartimos la preocupación de la autora respecto a la posible incorporación de elementos propios de visiones afines al desarrollo a la hora de aplicar el Buen
Vivir en el manejo de la cosa pública pues, como lo mencionamos anteriormente, el Buen Vivir se plantea como una alternativa al desarrollo. Sin embargo, nos alejamos de la aversión que expresa la autora frente al pensamiento occidental que difícilmente podríamos reducir a su «proyecto capitalista y neoliberal».
Algunos elementos centrales de la propuesta culturalista del Buen Vivir
En un contexto en el que se esperan respuestas para afrontar una serie de problemas, la corriente «culturalista» aporta elementos útiles en este sentido. En unas sociedades marcadas por el individualismo y por un sistema económico basado en el postulado del ser humano individual racional (homo economicus) que ha resultado en una profunda crisis social y económica, los de la vida, al reconciliar al ser humano con la naturaleza incluyéndolos en una misma comunidad.
Esta abrigaría además elementos espirituales. A esta concepción ampliada de la comunidad corresponderían una sociedad y un sistema económico diferentes. Varios
autores sostienen que este elemento es central en la definición del sumak kawsay (ver, por ejemplo, Prada Alcoreza, 2011).
Si los modos de producción y de consumo, en definitiva, si los modos de vida actuales dependen de la explotación de la naturaleza (concebida como un conjunto de recursos intercambiables en el mercado), los pueblos indígenas, por el contrario, apelan a desarrollar una «cultura de la vida» (Choquehuanca, 2010: 9), que ponga fin a la dominación de la naturaleza por el ser humano.
La construcción de una nueva economía sobre fundamentos filosóficos diferentes, tiene que resultar en la subordinación de la economía a las necesidades de las comunidades humanas, respetuosas de los equilibrios naturales e independientes de la búsqueda del beneficio y de los caprichos del mercado global.
Aunque el cuestionamiento de la democracia representativa por varios autores (en articular, Choquehuanca, 2010; y Macas, 2010) y la valorización de otras dinámicas de participación y de gestión de la república pueden ser controvertidas, esta propuesta tiene el mérito de llamar la atención sobre defectos y fallas de nuestros sistemas políticos.
En los Estados recientemente reconocidos como plurinacionales, parece indispensable garantizar el ejercicio de los derechos colectivos y pensar y lograr un profundo cambio de las estructuras del antiguo Estado.