Crónica de una Tragedia Forestal: Santa Juana

Crónica de una Tragedia Forestal: Santa Juana

Por: Danilo Ulloa Martínez

Como ciudadano y en conjunto con otros ciudadanos que, por azar de la vida, también amigos, el sábado 11 de febrero concurrimos a entregar una modesta ayuda a los afectados por los incendios forestales de Santa Juana. La ayuda consistió en agua embotellada en bidones de 5 y 6 litros. Casi 2 mil litros en total, que fuimos entregando en distintos lugares de Colico Alto y Colico Bajo, este último tal vez uno de los más duramente afectados.

Santa Juana es un hervidero de gente que llega con ayudas y materiales cuyo centro de operaciones están en el municipio, la iglesia adyacente a la plaza y el Liceo Nueva Zelanda.  Saliendo de Santa Juana y tomando la ruta en dirección a Nacimiento (Ruta 156), condujimos hasta el enlace con la ruta O- 878 o camino desde Coihue a Lo Martínez, en Colico.  De entrada, en la ruta nos recibe un paisaje casi lunar, de persistentes tonos grises producto de las huellas que los incendios han dejado tras de sí. Una letanía monocromática, tal como lo era antes de los siniestros, una letanía de monocultivos.  La Ruta que va desde Coihue a Lo Martínez (Ruta O- 878), se ve bastante transitada por grupos que están entregando ayuda, pero el verdadero drama lo vinimos a encontrar en la confluencia con la ruta O-886, en dirección hacia la Posta de Cólico Bajo.

Este tramo bien podría ser considerado como la Zona Cero, o una de ellas pues, estamos frente a una tragedia que solo es visible ingresando por los ramales longitudinales (en este caso), de la ruta O-886, muy ocultos a la vista de las decenas de camionetas de ayuda que circulan entregando su cooperación.

Tal fue el caso de las familias Hidalgo, Mora y Álvarez quienes en la madrugada del sábado 04 de febrero vieron con horror como el fuego irrumpe en sus viviendas para destruirlo todo; absolutamente todo en tan solo cosa de minutos. Conversar con ellos nos dolió el alma, pero también vimos un ejemplo de entereza ante la adversidad. No culpaban a nadie y solo querían comenzar a reconstruir su antigua vida en el lugar.

Más adelante, otras víctimas del fuego fueron la infraestructura de servicios como la Posta de Colico y la escuela e internado del lugar, totalmente destruidos por las llamas.

La ayuda está llegando, desde todas partes la gente se moviliza de múltiples maneras entregando su aporte, pero, esta tragedia también nos exige más como país. Hoy la ayuda más inestimable son los materiales de construcción: maderas, techos, clavos y herramientas varias; ropa nueva o recién lavada y debidamente empaquetada. La ropa que no reúne estos requisitos es solo basura que contribuye a agravar la desgracia (la ropa luego de unos días acumula ácaros); y por supuesto, agua; mucha agua y alimentos no perecibles.

Las autoridades están desplegadas en terreno, la metodología consiste en inscribir el RUT de los afectos y con ello la Ficha CAS, instrumento del Registro Social de Hogares, arroja toda la información que se requiere. Más información no se necesita púes, los 4.500 damnificados y las más de 100 estructuras que han dejado las 14 mil hectáreas siniestradas en la comuna, no dejan margen de duda: todos necesitan reconstruir sus vidas en el lugar.

 

Finalmente, la experiencia de Colico Bajo solo es una muestra de lo que ha ocurrido en muchos otros lugares producto de esta tragedia. Me quiero detener en la urgente necesidad de ayuda que hoy existe, ayuda, pero ayuda de calidad. Más adelante vendrá la hora de las culpas pues, en Chile el 99% de los siniestros se originan por la acción humana, acción que incluye, el descuido, accidentes, la mala mantención, y la intencionalidad. Se estima que el 32% de los incendios son intencionales y en este punto, las autoridades deben poner énfasis para terminar con la impunidad.