CRISIS DE LA DEMOCRACIA O REAJUSTE DE ACTORES EN EL ECOSISTEMA DEL PODER

CRISIS DE LA DEMOCRACIA O REAJUSTE DE ACTORES EN EL ECOSISTEMA DEL PODER

Por Danilo Ulloa Martínez, Sociólogo – Injustas y livianas resultan las críticas respecto de los acontecimientos políticos ocurridos en el último tiempo, tanto en la reciente elección presidencial como en la Convención Constitucional.  Lo que vemos es un ajuste en el funcionamiento democrático donde se han incorporado nuevos actores que a su vez representan otras ideas y a ciudadanos que antes, no estaban representados. Pasa que las élites estuvieron por mucho tiempo sobre representadas y hoy en día simplemente tienen la cuota de poder que realmente representan y ello, claro que les asusta a los que, se acostumbraron a una democracia que, durante 40 años o más, les subsidió el poder político.

Lo anterior, sumado a un contexto de crisis del ecosistema político que imperó en los últimos 40 años y que, la Constitución de 1980 organizó en cuanto a su forma de interacción política y que tras el fin del sistema Binominal con Bachelet II, les abrió la entrada a nuevas fuerzas políticas que, representan intereses ciudadanos que antes, no estaban representados, por tanto, su voz y necesidades no existían para el poder y hoy en día simplemente vemos su representación política. Nos acostumbramos a una democracia binominal donde las élites tenían la agenda de sus caprichos e intereses, temas que hoy consideramos como lo normal y lo correcto. Entonces, asusta ver gente diferente, con una cuota de poder, y que instala temas que antes se consideraba poco menos que opio.

 

II PARTE

El ecosistema político que conocimos en los 80-90 y 2000, hoy está obsoleto porque ese ecosistema de poder respondió a la forma que la Constitución de 1980 impuso, y que obligó a todas las fuerzas políticas a organizarse en dos bloques, porque lo que buscó la carta de 1980 fue, de cierta forma imitar el bipartidismo anglosajón, que como gracia, tiende a generar mayor estabilidad política. Pero en esos países el bipartidismo es fruto de la evolución natural de sus fuerzas políticas y sociales, en cambio acá, es fruto de una especie de reingeniería política forzosa, impuesta de manera artificial un sistema electoral de dos bloques.

Esto obligó a todas las fuerzas políticas a agruparse en solo dos bloques, que en la practica eran dos coaliciones que funcionaban de manera forzada y solo por las circunstancias y, teniendo siempre como límite de coalición las figuras de Allende, el Golpe y Pinochet. En definitiva, las crisis de la Guerra Fría definieron por casi 40 años la conformación e identidad de los dos bloques políticos; jamás un proyecto que mire hacia el futuro.

Dentro de cada bloque, cada uno de los partidos fue diluyendo su propia identidad política al interior de una coalición y esto, terminó pasándole la cuenta a todas las fuerzas pues, antes que ser Demócrata Cristiano, Socialista o Radical, se era Concertación. Además, el sistema binominal los obligó a competir al interior de los partidos y de los pactos para acceder a estar en la papeleta del voto. Como el sistema era binominal, llegar a estar en el voto significaba conquistar el poder; el sufragio ciudadano solamente cumplió la función de entregar legitimidad a una elección que ya venía definida desde los partidos.

Esta situación transformó al voto en un acto sin mayor valor para el ciudadano lo que se reflejó en la paulatina baja participación electoral, cada vez con menor participación pues, en la práctica, el voto no le entregó ningún poder de decisión real a los ciudadanos.  Esto se origina en la Constitución del 80, que fiel a su origen reactivo de las crisis de la guerra fría, desconfía profundamente del poder popular y limitó severamente la participación electoral, otorgándole solo la función de ser un mecanismo legitimador, más nunca una herramienta de expresión del poder de los ciudadanos.

Dada la férrea defensa del sistema Binominal por parte de la derecha, durante el gobierno de Bachelet II, y tras fracasar el intento por romper el Binominal, a la Nueva Mayoría se le ocurrió entonces transformar el Binominal en una especie de sistema “Trinominal”, por llamarlo de alguna manera. Esto implicó reformar todo el modelo electoral pues la reforma requirió aumentar del número de parlamentarios. A la Derecha esta situación le gustó pues, calcularon que también iban a aumentar su número de representantes y apoyaron la reforma al sistema electoral y con sus votos, se modificó la constitución que permite este ajuste electoral. La derecha definitivamente le mintió a todo el país en su cara pues, en paralelo, salió por los medios a criticar esta reforma.  Este cambio de sistema electoral permitió que, ingresaran al congreso nuevas fuerzas políticas que, de otro modo nunca lo hubieran podido hacer. Con nuevos actores en el poder, también se fueron instalando nuevas ideas y otras visiones del país que, antes con el binominal quedaban fuera de toda consideración política; entonces, la agenda política, poco a poco tomo rumbo hacia los cambios. Estos nuevos actores cambiaron la correlación de fuerzas políticas y, aquí comienza la crisis de los partidos de la Ex Concertación que resintieron primero esta crisis y hoy también afecta a los partidos del bloque de la derecha.  En este punto conviene detenerse para comprender mejor la situación.

 

PARTE III

Tras el retorno a la democracia, la Concertación que, por un asunto de simples coordenadas políticas, representó a la izquierda se constituyó con partidos y movimiento que ya existían, incluso antes del Golpe de Estado. En algunos casos eran partidos con trayectoria e identidad centenaria. Solo hubo un partido político nuevo en la Concertación, este fue el Partido Por la Democracia (PPD), y tienda que constantemente era sindicado como un instrumento político, carente de identidad. En cambio, la derecha retorna a la democracia sin ninguno de sus partidos históricos y tradicionales del sector. Dicho de otra forma, todos los partidos políticos de la derecha eran nuevos, por tanto, eran fuerzas políticas que, no se hicieron cargo de ningún legado (positivo o negativo) del pasado y solo se dedicaron a construir futuro y fue solo gracias al sistema binominal que, curiosamente, no consiguieron mayor poder pues, las últimas décadas, sus partidos han sido los más votados por la gente.

En cambio, los partidos de la Concertación, tras el gobierno de Aylwin, paulatinamente comenzaron a retroceder electoralmente. El caso más emblemático es la Democracia Cristiana, hoy severamente afectada por esta crisis de identidad política que afecta a los partidos.

Tras la caída del Binominal, el Frente Amplio y su abanico de partidos y movimientos políticos irrumpe en la escena y se instala en el ecosistema del poder. Sus partidos nacen desde fuera del ecosistema político tradicional y en ese contexto efectivamente, vienen a romper con la llamada por ellos como la “vieja política”, definida y modelada por la carta de 1980. Tan cierto es lo anterior que, hoy están a las puertas del poder político mientras las restantes fuerzas cada día se derrumban más, incluso, esta crisis también le llegó a la derecha que, en la última presidencial y dados los malos números de sus candidatos, no dudó un segundo en salir a apoyar a un candidato de ultraderecha, conservador y ultramontano. Con el apoyo a José Antonio Kast, la derecha chilena, que tanto había trabajado mediáticamente por avanzar en un discurso más moderno y liberal, de un plumazo retrocedió 20 años y destruyendo toda su credibilidad, situación que hoy  les pasa la cuenta pues, los proyectos de derecha liberales terminaron siendo solo maquillaje, pero en lo medular, continúan siendo conservadores.

Finalmente, lo que vemos en la Convención Constituyente es un ejercicio democrático que hoy incluye a nuevos actores, a nuevas fuerzas políticas y movimientos que traen ideas que antes estuvieron vedadas en la discusión democrática. La complejidad en ponerse de acuerdo solo es el reflejo de esta nueva situación que ahora incluye a más actores que traen consigo mayor diversidad política. La clase política durante 40 años se mal acostumbró a debatir entre dos bloques que, previamente en lo medular estaban de acuerdo. Entonces el debate político se trasladó a las esferas del maquillaje del modelo, pero jamás a transformar cuestiones fundamentales.  En cambio, hoy el desafío es otro; lograr ponerse de acuerdo y sortear las profundas diferencias existentes, mediante el ejercicio democrático. Por eso que cuesta elegir un presidente de la Convención, pues ahora es requisito tener mayor capacidad de negociación.   Como país, la carta de 1980 y su sistema binominal, nos mal acostumbró a escenarios políticos que, de manera natural simplemente no existen. Las profundas diferencias de clase se resuelven mediante la discusión democrática y la capacidad de negociación para llegar a acuerdo. La democracia no se construye negando la existencia de otras visiones por el simple hecho que ahora son nuevas en este nuevo escenario del poder.

 

Danilo Ulloa – Radio Nonguén-.