Por Jorge Pozo – Radio Nonguén. Calentamiento global, contaminación de aire, suelo y mares, deforestación, desertificación, destrucción de hábitat, extinción de especies, derretimiento de casquetes polares y glaciares, sequías extensas, son -entre otras, muestras del cambio climático. Este fenómeno es el resultado de la pérdida de las condiciones de equilibrio de una multiplicidad de variables al interior del planeta.

Para poder comprender cabalmente el proceso de cambios negativos que nos afecta debemos aceptar que el planeta es un organismo vivo, cuya estructura la conforman una inmensa cantidad de variables interrelacionadas y que se encuentran en equilibrio natural, esto le permite reproducir en forma constante sus condiciones normales de vida y con ello sostener la vida harmónica en su interior. Si alguna de estas variables cambia a rangos fuera de lo normal, la estructura viva del planeta reaccionará atenuando los efectos, restaurando el equilibrio perdido. Esto ha realizado la Tierra en ciclos naturales durante millones de años.

Sin embargo si el cambio es externo y sobre un conjunto amplio de variables, y si él es constante y creciente en el tiempo la estructura viva que es nuestro planeta llega a un punto en donde la capacidad natural de restauración es sobrepasada, siendo este el momento exacto del inicio de la enfermedad (pérdida de equilibrio) del sistema (Tierra).

Mucho tenemos que ver los seres humanos con la pérdida de equilibrio natural en el que se encuentra nuestro planeta, aquella pasión por participar del proceso de acumulación y destacar dentro de él, nos ha llevado a una carrera desenfrenada por aumentar la oferta y volumen de productos, servibles o no, lo que es seguro si, comercializables.

La primacía del capitalismo primero, del mercado después y la globalización actual como regulador de las relaciones sociales nos ha impuesto crecientemente el individualismo como forma de vida, y éste ha destruido las estructuras de relaciones sociales necesarias para opinar, proponer, controlar y decidir por nosotros. Un esquema de producción concebido de esta forma introduce cambios sin freno ni lógica en las variables del proceso natural, lo que lleva a una pérdida de equilibrio al sistema, al cambio climático.

La única forma de aportar a mitigar los efectos descontrolados del cambio climático proviene de acuerdos tomados por la humanidad consciente, en orden a reducir el impacto de nuestra forma de vida sobre el planeta. Escazú se enmarca dentro de ellos, siendo el primer tratado medio ambiental de Latinoamérica y el Caribe, que responde a la necesidad de velar por avanzar en condiciones que favorezcan la disminución del impacto humano sobre las variables de control del equilibrio natural en nuestra región.

El acuerdo de Escazú busca permitir el acceso a la información y participación ciudadana en decisiones respecto de procesos medio ambientales y de justicia medio ambiental. Esto permite transparencia en la acción, y derechos en la decisión respecto de la forma de los procesos de construcción de la matriz productiva del país, aporta además a fortalecer la democrática, a implementar políticas de desarrollo sostenible y conduce al fortalecimiento de los derechos humanos. Sin duda este acuerdo fortalece a los ciudadanos respecto del capital, dado que les entrega herramientas para exigir transparencia y participación en las decisiones que involucren medio ambiente, así como, les entrega certeza jurídica de leyes y tratados internacionales que regulan la materia, y aportan a la defensa de los derechos humanos de los defensores del medio ambiente.

La Constitución chilena garantiza en el número 8 del artículo 19 la vida en un medio ambiente libre de contaminación y asigna al estado la tarea de velar por este derecho. Pareciera que esto bastaría para cumplir con ser una sociedad que aporta a mitigar el cambio climático, lamentablemente lo que está escrito ahí no se cumple. Zonas de sacrificio, centrales térmicas a carbón, explotación intensiva de riquezas naturales, propiedad privada de mares y aguas continentales, contaminación de mares, mono cultivo de especies forestales exóticas, destrucción de bosques y vegetación nativa, construcción de mega ciudades, son solo algunos ejemplos de cómo incumplimos el número 8 del artículo 19. Sumemos a esto imposibilidad de acceder a información por parte de la ciudadanía, nulo proceso de participación ciudadana y judicialización de un gran número de proyectos por incumplimientos reiterados de nuestra normativa medio ambiental y tratados internacionales, Convenio 169 OIT, por ejemplo.

Chile lideró junto a Costa Rica el proceso para llegar al Acuerdo de Escazú, utilizó este liderazgo como herramienta para acceder a la sede de la COP 25 en su afán de mostrarse ante la opinión internacional como un líder en medio ambiente, sin embargo no concurrió con su firma a ratificarlo pese a lo impopular nacional e internacionalmente de la decisión. Justificó su acción en unas cuantas explicaciones incoherentes y sin soporte técnico, administrativo ni jurídico, palabras vacías, ejemplo vivo de inconciencia, incongruencia y desprecio por la condición medio ambiental extrema en que nos encontramos. La razón es simple el modelo económico chileno se basa en una estructura intensa y extensa de mercado que incluso regula las relaciones sociales en nuestra sociedad, esto implica disponer de una estructura administrativa y jurídica que facilite la acción del modelo, así como, asegurar la menor injerencia ciudadana respecto de forma y estructura de la producción, un acuerdo como Escazú no aportaba a ello, más bien, lo entrababa. El gobierno respondió a su impronta, favorecer la acumulación fácil y rápida del pequeño grupo de poder a quien representa, y lo hizo, en desmedro del pueblo de Chile, su imagen internacional y el desastre medio ambiental planetario. ¿Alguien tenía dudas?.

Esta es una más de las razones por las que debemos ejercer el poder constituyente radicado en el pueblo el 25 de octubre próximo, concurriendo y votando masivamente Apruebo vía una Convención Constituyente, esto será la primera piedra de la construcción de una sociedad en donde los seres humanos estemos por sobre el capital, donde la solidaridad sea el eje central de nuestra convivencia y la dignidad sea considerada normalidad, no un acto revolucionario como hoy.

Jorge Pozo Monardes – Radio Nonguén.

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