Por Rodrigo Ruiz.

 

Si la madrugada del viernes 15 de noviembre alguno de los extraterrestres del delirio de la Sra. Cecilia hubiese llegado atrasado a la primavera de Octubre de nuestro país, habría quedado perplejo ante la capacidad de entendimiento, compromiso, empatía, comprensión, acción y desprendimiento de su ideología en pos del beneficio de nuestra sociedad de la clase política; besos, abrazos, lágrimas, emoción, declaraciones por el bien común.

Pecho henchido de orgullo, coraje en la acción, inteligencia en la búsqueda común, eso y mucho más se veía entre nuestros parlamentarios, que cual súper héroes rasgaban vestiduras en pos de ayudar a la desvalida sociedad y en una acción altruista y solidaria la salvaban del desastre. Pocos, muy pocos de ellos tuvieron la capacidad de indicar que la sociedad paralizada y movilizada hace ya largas tres semanas los había obligado a comprender que son parte importante del problema, y que la única posibilidad
que les quedaba para salvar con algo de dignidad su condición de poder legislativo era aportar a la búsqueda de soluciones respecto de las exigencias societarias. No fueron ellos quienes impulsaron esta acción, fue el pueblo en la calle quien lo hizo.
El acuerdo al que llegan pretende no tener la condición de aquella cocina burda, sucia y mal oliente del Sr. Zaldívar, más parece una cocina industrial de un casino de empresa, limpia y con visos de transparencia en la preparación, pero sosa y apegada a un menú mensual estricto y definido desde arriba, ya que, jamás consideró dentro del proceso la opinión de aquellos que impulsaban la puesta en escena de nuestra primavera, el pueblo movilizado. Debemos tener cuidado ya que esta jugarreta la conocen bien, la han ejecutado en múltiples oportunidades en nuestra vida como República, apuestan a la desmovilización y paralelamente a asumir la representación del pueblo movilizado, ofrecen cambiarlo todo para no cambiar nada, o a lo más cambiar cosméticamente nuestro pacto social, manteniendo privilegios y cuotas de poder en el mismo grupo de elegidos. Esto ya ocurrió en los procesos constitucionales de 1833, 1925 y en las modificaciones de la dictatorial de 1980, y volverá a ocurrir si no estamos preparados para enfrentar con ideas, propuestas y movilización esta estrategia.

 

Está en nuestra mano obligar a que se respete lo exigido por el pueblo movilizado, es ético, justo y democrático, para ello es necesario:
1.- Mantener la presión social sobre el sistema político para exigir que los cambios
representen la voluntad del pueblo
2.- La elección de los constituyentes a la Asamblea debe ser representativa del pueblo movilizado, se debe asegurar la participación de independientes, actores sociales, organizaciones ciudadanas representativas de minorías de pensamiento, pueblos originarios y paridad de género.
3.- Exigir mecanismos que aseguren transparencia total en la discusión y toma de
decisión al interior de la Asamblea han pasado tres semanas del abrazo de los que sobran y como era de esperarse no se ha avanzado en la propuesta concreta de Asamblea Constituyente o Convención como quisieron llamarla; reuniones más, reuniones menos, propuestas más, propuestas menos, resultado, cero para lo exigido.

Lo concreto es que la oligarquía política está haciendo su jugada, desmovilizadora,
criminalizadora y representativa del movimiento social; finalizada la cocina se juntarán a brindar por el trabajo realizado y el haber cambiado todo, para no cambiar nada. Nuestra propuesta para impedir lo anterior es acrecentar la formación y fortalecimiento de tejido social, mejorar la coordinación entre nuestras organizaciones de base, informarse, discutir, plantear ideas, comunicar, movilizarse y presionar, de esa forma impediremos que los que sobran oscurezcan nuestra primavera y podamos por fin cultivar la flor de un nuevo día.

RADIO NONGUÉN – Rodrigo Ruiz

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